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Y a ti, ¿Qué te motiva?

febrero  2022 / 13

“Los campeones no están hechos en el gimnasio. Los campeones están hechos de algo que tienen en su interior, un deseo, un sueño, una visión”  (Muhammad Ali).

 

 

La motivación es la fuerza que nos mueve hacia una determinada dirección y que nos hace continuar aún en situaciones difíciles. Es la gasolina de nuestra mente que nos conduce hasta nuestros objetivos. Lo que determina la fuerza no es el valor de lo que se consigue si no la importancia que le damos a lo que podemos conseguir. Conocer los secretos ocultos que se esconden para alimentarla es un bien preciado que muchos deportistas, entrenadores o profesionales del deporte ansían conocer con el fin de obtener los mejores resultados posibles.

Cabe decir que la motivación es subjetiva, personal. Lo que motiva a uno, no motiva a otro y viceversa. Sin embargo, existen diferentes tipologías de motivación. A tenor de esta cuestión, en esta entrada intentaré describir de forma sintética las más comunes con el objetivo de ayudaros a  optimizar vuestras fuentes de motivación para los próximos retos.

Motivación básica y motivación cotidiana

La motivación básica es aquella que se refiere al componente estable motivacional relacionado con el compromiso por realizar una determinada actividad, como sería el correr por la montaña. Hace alusión al grado de interés, al de implicación y al de ambición por conseguir buenos resultados.

La motivación cotidiana está relacionada con el disfrute por realizar una determinada actividad, como sería el ir en bicicleta. Hace referencia al interés de un deportista por la actividad diaria y los entrenamientos, al afán de superarse y a la gratificación directa que esta le produce.

 

Para lograr un rendimiento óptimo ambos tipos de motivación deben complementarse. Por ejemplo, si un deportista tiene una elevada motivación cotidiana pero una escasa motivación básica corre el riesgo de entrar en un estado de conformismo que puede dificultar el planteamiento de objetivos más ambiciosos.

Existen diferentes factores que pueden fortalecer la motivación básica como podrían ser los retos deportivos atractivos, desafiantes pero alcanzables o el grado en que las necesidades personales se satisfacen con la práctica deportiva.

Una motivación básica elevada, el interés, la variedad de la actividad deportiva o el refuerzo social contribuyen a favorecer una buena motivación cotidiana.

Motivación orientada a la tarea o al ego

La motivación centrada en la tarea es aquella donde lo que prevalece es la propia mejora y el progreso de superación. Mientras que la motivación centrada en el ego se focaliza en vencer a otros adversarios, es decir, en compararse y/o medirse con otros deportistas.

Motivación extrínseca o intrínseca

La motivación extrínseca es aquella que proviene de fuera del deportista y de la propia actividad. Como serían, por ejemplo, el reconocimiento social, el status o el dinero.

La motivación intrínseca es aquella que se nutre del interior del deportista, se asocia a los deseos de autorrealización, al crecimiento personal y está relacionada con el disfrute por realizar la actividad.

 

 

Algunas claves para motivarse

Una vez repasados brevemente los principales tipos de motivación, cabe aclarar que todos ellos pueden beneficiarnos de una forma u otra. Sin embargo se deberían potenciar aquellos que están más centrados en el propio proceso de mejora y que se nutren del disfrute y del interés por realizar la propia actividad.

Seguidamente encontraréis una serie de recomendaciones para alimentar adecuadamente vuestra motivación.

  1. Piensa en positivo, de forma constructiva. Ante las dificultades piensa qué puedes hacer, cómo afrontar la adversidad y ¡adelante! Si afrontas el día a día de forma positiva podrás avanzar con más facilidad a la vez que ser más constructivo. Cultiva tu autodiálogo positivo, pues será la voz que te animará en los momentos difíciles.
  2. Establécete objetivos a corto, medio y largo plazo. Si te estableces objetivos sólo a largo plazo corres el riesgo de desmotivarte por el camino. Fíjate pequeños objetivos cotidianos, te ayudarán a persistir y a no perder fuelle.
  3. Recuérdate qué te motivó a iniciarte en tu deporte. En la práctica de cualquier deporte es fácil tener momentos de bajón o de dificultad que te llevan a cuestionarte si no sería mejor dejarlo. En esos momentos el mejor remedio está dentro de ti: ¿qué te motivó a iniciarte en tu deporte? ¿qué te aporta? Estas preguntas pueden ayudarte a recuperar la motivación perdida.
  4. Sé constante. La constancia repercute en los resultados y en la mejora personal. Resérvate tiempo semanal para entrenar en función de tus otras áreas personales y tus obligaciones. Además de progresar te asegurarás un tiempo para tu disfrute, muy necesario con los ritmos de vida actuales.
  5. Valora tus avances. Sean cuales sean, seguro que si persistes en la práctica deportiva, evolucionas. Valora tus progresos sin compararlos constantemente con otros. Observarás mejor tu progreso si te centras en ti mismo.
  6. Diversifica tus salidas o entrenamientos. No hay nada más desmotivador que la monotonía de hacer siempre lo mismo. Planifica diferentes rutas, cuando más variadas mejor. Te servirán de aliciente.
  7. Si fuera fácil cualquiera lo haría. Si vas incrementando el nivel de dificultad es normal que te encuentres obstáculos o momentos en que te sientes bloqueado en un punto sin avanzar, date tiempo, valora que el que algo quiere algo le cuesta y piensa en cómo te sentirás una vez hayas vencido ese momento.
  8. Hay vida más allá del deporte. Focalizarse excesivamente en una actividad, sea cual sea, no compensa y puede conllevar el quemarse o repercutir negativamente en otras áreas de la vida. Dosifícate y disfruta del deporte sin obsesionarte. Existen otras actividades y personas con las que compartir tu tiempo y así mantener un estilo de vida equilibrado.

 

Entrena tu mente… & ¡Be Positive!