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¡Si quieres resultados diferentes, haz cosas diferentes!

abril  2021 / 5

“Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo” (Albert Einstein)

Si existe una buena frase que nos motiva hacia el cambio esta es la de Albert Einstein. A menudo nos quejamos de que ciertas situaciones, miedos o adversidades nos limitan en nuestros entrenamientos, marchas o competiciones. Pero llegado el momento, ¿Hacemos algo diferente al respecto? La respuesta, en muchas ocasiones, es que no hacemos nada distinto a lo habitual.

Existe una tendencia a la queja, a centrarnos en el problema y a instalarnos en nuestra zona de confort sin plantearnos cambio alguno. Esto no hace más que agudizar el conflicto y contribuir a bloquearnos en él. Pasamos por alto que la respuesta correcta no es focalizarse en el problema sino en establecer cuáles van a ser las claves de su resolución.

¿Por qué somos tan resistentes al cambio?

            En la práctica deportiva, así como en la vida misma, nos encontramos con retos permanentemente de diferente envergadura. Algunos los superamos sin apenas darnos cuenta, otros con más o menos dificultades y, los peores, limitan nuestro disfrute incluso llegando a bloquearnos. Nuestra forma de afrontarlos, a menudo, es la misma y ese es el problema mayor más que la dificultad que supone el mismo reto.

Os preguntareis porque mantenemos ciertos comportamientos y/o pensamientos si estos al fin y al cabo no nos benefician.  Coincidiréis conmigo en que no es plato de buen gusto para nadie pasarlo mal y cometer siempre los mismos errores. Sin embargo, ahí seguimos erre que erre.

La respuesta podemos encontrarla en un conocido refrán: “Más vale malo conocido que bueno por conocer”. Generalmente, nos gusta movernos en terrenos familiares y ante grandes obstáculos tenemos la tendencia a la repetición. Esto nos pasa porque nos focalizamos en el error y en “lo conocido” o lo que es lo mismo, lo que nos da seguridad. Nos cuesta probar cosas nuevas, vencer el temor que supone innovar y salir de lo que está bajo nuestro control.

Cuando nos encontramos ante una situación nueva, es normal que aparezca el miedo, el temor al fracaso. Este estado emocional nos lleva a ser conservadores y a no arriesgar. A replegarnos y a movernos dentro de lo que conocemos. Es una respuesta instintiva cuando se nos presenta una situación “amenazante”, de forma inconsciente, nuestro organismo y, en especial, nuestra cabeza, nos protege de un daño mayor (o de un fracaso mayor). De esta forma podemos entender entonces nuestra reacción ante de terminadas situaciones que nos son difíciles de superar.

El lado oscuro es que si no cambiamos esta forma de responder perpetuaremos el error y frenaremos el aprendizaje que aporta hacer cosas diferentes y aprovechar la oportunidad presente. Es decir, no venceremos los obstáculos.

Cada momento es una nueva oportunidad: aprovéchala y aprende

            Cómo anunciaba el título de este artículo, si queremos obtener resultados diferentes tenemos que hacer cosas diferentes. Para ello hay que aventurarse. Riesgo controlado. No se trata de lanzarse como un “pollo sin cabeza” al peligro. Pensar alternativas, cómo vamos a ponerlas en práctica es un paso necesario. Al miedo se le vence lentamente. Si queremos hacerlo desaparecer de inmediato, lo acrecentaremos.

      

      Es cuestión de cabeza. Nuestro nivel de confianza es el que, en parte, dictaminará nuestro nivel de espíritu aventurero, es decir, en qué medida nos atrevemos a afrontar situaciones nuevas. Y, asimismo, como un pez que se muerde la cola, cada vez que nos enfrascamos a hacer cosas diferentes alimentamos nuestra confianza para hacer frente a otras situaciones desconocidas.

            Con cada reto se nos brinda la posibilidad de ampliar nuestro conocimiento y superarnos. Sólo se trata de que, ante el miedo, establezcamos qué recursos vamos a poner en marcha para ganar el pulso. Si fracasas, no te obceques, en ese caso, lo mejor es que te plantees más alternativas, más estrategias que puedan ayudarte en tu cometido.

No pretendas que todo te salga bien a la primera o que no te cueste ningún esfuerzo hacerlo. Sigue el ejemplo de Thomas Edison después de su gran logro: “No fracasé, sólo descubrí 999 maneras de cómo no hacer una bombilla”. Si los genios necesitaron aprovechar muchísimas oportunidades para hacer sus grandes descubrimientos, ¿no piensas qué tu también tienes derecho a probar unas cuantas veces para conquistar tus retos?

El deporte nos facilita un escenario donde desarrollarnos como personas y ampliar nuestra zona de confort. Cuando hacemos cosas diferentes, conocemos lugares distintos, nos enfrentamos a dificultades o vencemos nuestros miedos agrandamos nuestra zona segura. Con ello reforzamos nuestra autoconfianza.

Pensad en una situación a la que os enfrentasteis y que tras varios intentos fallidos y esfuerzo superasteis. ¿Cómo os sentisteis? Sin duda seguro que genial. Pues a esta sensación hacemos referencia. Aceptar nuestras limitaciones y trabajar duro para mejorarlas nos hace superarnos y mejorar día a día.

Por ello, os recomendamos que ante una dificultad, problema o miedo os preguntéis: ¿Estoy valorando y poniendo en práctica todas las opciones posibles para superar esta situación? O por el contrario, nos focalizamos en el problema y en la misma solución que, evidentemente, no funciona y no funcionará hasta que deis un paso atrás y apartéis el árbol que no os deja ver el bosque. Para ello, mejor detenerse, pensar en la situación analizando los recursos (o estrategias) que estáis poniendo en marcha y valorar si estos son los más adecuados. Si no lo son o no están dando resultados, sospesad otras formas de actuar. Con paciencia, cabeza y persistencia seguro que lo lograreis.

Entrena tu mente… & ¡Be Positive!