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Si quieres avanzar: permítete caer

mayo  2020 / 17

Tener tolerancia a la frustración es una de las habilidades esenciales de las personas. La tolerancia a la frustración nos permite disfrutar más de la vida, ya que no perdemos el tiempo amargándonos por las cosas que no funcionan. 

(Rafael Santandreu en “El arte de amargarse la vida”)

 

Seguimos desgranando los ingredientes que conforman la fortaleza mental. En la actual entrada abordaré un aspecto esencial en el deporte, la tolerancia a la frustración. Generalmente se nos instruye ya desde bien pequeños para tener éxito pero muy poco para vivir el fracaso (y aprender de él). Si nos enfrascamos en cualquier objetivo el error puede presentarse en un momento u otro. El cómo reaccionamos ante él y el cómo lo interiorizamos en nuestra experiencia condicionará nuestro disfrute y nuestro aprendizaje. Por ello creo fundamental dedicar un artículo a esclarecer en qué consiste este estado emocional y cómo podemos aprender a sacar mayor provecho de él.

¿En qué consiste?

La frustración es la respuesta emocional que aparece cuando un deportista no consigue los resultados esperados o no se cumplen los objetivos propuestos. Representa una de las principales fuentes de estrés en la medida que no se satisface lo buscado. El cómo lo vive la persona variará en función de su autoestima y de su confianza.

 

Después de un error las probabilidades de lograr un rendimiento óptimo disminuyen y suele aparecer un estado psicológico negativo. En ese momento la posibilidad de mantener una actitud positiva se hace más difícil y dependerá mucho de la personalidad del deportista.  Si la frustración (o frustraciones) no pueden ser integradas dentro de un proceso de aprendizaje, esta atentará contra la propia confianza y la valía personal. Como consecuencia el deportista puede sentirse bloqueado y superado por ella provocando un cóctel de emociones negativas (rabia, enfado, ira, tristeza, etc.).

De ahí la importancia de incorporar el error como algo esperable cuando se están desarrollando nuevas destrezas o en momentos de mucha presión. No se puede pretender hacerlo todo bien siempre. En muchas ocasiones cuando se comete un error se arremete violentamente contra algo, a veces de forma simbólica, o contra uno mismo en forma de autodiálogo negativo. Otras veces uno se escapa de la responsabilidad atribuyéndolo a la mala suerte o a algún elemento externo. En otras el deportista se inhibe o evita enfrentarse a la situación frustrante bloqueando su superación.

La baja tolerancia a la frustración comporta una dificultad para manejar las emociones y cuando no se obtiene lo querido de forma inmediata. La queja, el victimismo o la evitación no ayudan demasiado. Todo lo contrario, el obstáculo seguirá allí inmóvil. Si lo hará el hecho de saber que para lograr un objetivo debemos aceptar el fallo, tener paciencia y perseverar pese a las dificultades.

 

Por ello os planteó en el siguiente apartado diferentes fórmulas, no mágicas, para confrontar el error y aprovechar la frustración para reflexionar e ir un paso más allá. Porque finalmente la frustración forma parte de la vida.

Aumenta tu tolerancia a la frustración

Pretender evitar la frustración es un cometido imposible. En cambio aprender a manejarla y a superarla si es posible. A continuación os planteamos una serie de recomendaciones dirigidas a mejorar vuestra tolerancia a la frustración.

1. Entiende que la frustración forma parte de la vida. No siempre puedes obtener todo lo que quieres. Las recompensar a largo plazo suelen ser mucho más gratificantes que lo que se obtiene rápidamente. Sin duda el malestar de no conseguir algo es desagradable pero no insoportable y a su vez nos fortalece para futuros retos.

2. Ajusta tus expectativas. A menudo se confunde lo que uno desea con lo que uno está dispuesto a comprometerse. Sé realista. Plantéate sólo lo que estés dispuesto trabajar día a día y que este a tu alcance conseguir. Valora que tus expectativas sean adecuadas respecto tu punto de partida.

3. Establécete objetivos de proceso realistas. Si tienes un gran objetivo o te encuentras con una gran dificultad desglosa tu meta en pequeños subobjetivos. Te acercará a dónde quieres llegar de una forma realista y más asumible. Puede que en algún momento percibas que no avanzas o que, incluso retrocedes. Ese será un buen momento para valorar tus estrategias y sospesar si son las adecuadas. Parar no es perder el tiempo sino que significa coger más fuerzas (y más recursos) para avanzar con más decisión. ¡No pierdas la oportunidad de aprender!

4. Aprende del error. A nadie le gusta fallar. Pero tal y cómo venimos anunciando el error forma parte de la vida y del crecimiento. Si pasa es por algo. Dale sentido pensando que te aporta. Más allá de no obtener lo querido, la experiencia del fallo te facilita una información muy valiosa y te acerca a la mejora. Lee entre líneas y sabrás cómo puedes mejorar.

5. Deja de pensar únicamente en resultados. Estos no siempre se obtienen. En cambio podemos aprovechar la información obtenida mediante los fallos para mejorar. Ten en cuenta tu evolución mediante la consecución de pequeños objetivos. El tener pequeñas metas en el día a día facilitará una mejor percepción de control de tu preparación.

6. Valora tu esfuerzo. Dar valor a lo que inviertes para conseguir algo es más importante que el fin (lo que se obtiene) en sí mismo. A veces sólo se trata de dar un enfoque diferente teniendo en cuenta todas las variables. Quizás debas modificar algún aspecto pero puede que también debas mantener otros. Ten en cuenta los aspectos a mejorar pero también aquellos que te funcionan. Da importancia a tu inversión personal y con ello encontrarás fuerzas para continuar.

7. Aprende a posponer y persevera. Adopta una perspectiva del tiempo realista. Sé paciente. Generalmente las cosas que merecen la pena tardan un tiempo en llegar y son fruto de nuestro esfuerzo y nuestra perseverancia. Cuando sientas la frustración de no obtener lo esperado recuérdate porque quieres conseguirlo y continúa hacia adelante.

8. Reflexiona y sé autocrítico. Dejarse llevar por las emociones no siempre es beneficioso. Déjalas enfriar. Piensa sobre lo que ha ocurrido, sobre lo que puede haber fallado y busca alternativas para lograr tus objetivos. Te ayudará a proporcionar tus emociones y a no convertirte en una montaña rusa emocional.

9. Saca algo positivo. De todo se aprende y todo tiene un lado bueno. Ver los aspectos positivos aunque estés fallando te ayuda a reponerte más rápidamente para volver de nuevo a la carga. Sólo necesitas ajustar la graduación de tus gafas para verlo. ¡Fíjate y aprende!

 

Entrena tu mente… & ¡Be Positive!