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¿Por qué necesitamos retos para sentirnos felices?

enero  2021 / 24

“De todas las virtudes que podemos aprender no hay otra característica más útil, más necesaria para la supervivencia y con más probabilidades de mejorar la calidad de vida que la capacidad de transformar la adversidad en un desafío que pueda proporcionarnos disfrute” (Mihály Csíkszentmihályi).

 

Existe una tendencia al alza a realizar pruebas cada vez más exigentes, de mayor dureza. Proporcionalmente, aumenta el número de participantes en este tipo de eventos deportivos. Estos implican salir de la zona de confort y entrar en la incomodidad de luchar con uno mismo para hacer frente al desafío. Posiblemente, en alguna ocasión, os hayáis preguntado el por qué necesitamos fijarnos metas teniendo en cuenta lo fácil que es el no hacerlo. Precisamente, más cuando nos encontramos en un momento histórico a causa de la situación sanitaria que impide y/o altera las competiciones.  En este artículo reflexionaremos sobre la finalidad de los desafíos en la práctica deportiva.

En cualquier ámbito de nuestra vida podemos establecernos objetivos. Pero, es evidente que, el deporte es un escenario magnifico para referirnos a cuál es la contribución de los retos a nuestro bienestar. El ejercicio físico demanda esfuerzo, sacrificio, constancia, compromiso, superación, entre otros. Nos ofrece un terreno de práctica donde desplegar todo nuestro potencial y nos proporciona experiencias de gran calidad que merecen ser aprovechadas. Vivencias de encontrarnos con nosotros mismos, de socializarnos y de desarrollar nuestras destrezas físicas y psicológicas.

¿Qué nos hace sentir felicidad?

 

Cuando queremos hacer referencia a cualquier emoción se nos presenta la dificultad para encuadrarla. Esto se desprende del hecho de que las emociones se describen desde la experiencia subjetiva. Es decir, cada uno de nosotros las experimenta de una forma distinta.

Sin embargo, el cometido de este artículo es precisamente el de buscar unos parámetros generales dónde poder establecer qué nos mueve a plantearnos retos cuando realmente, lo fácil, es no hacerlo. Pensad en lo bien que se está en el sofá sin mayor objetivo que apoltronarse cómodamente en él. Y no es que no sea bueno hacerlo. Descansar y no hacer nada también puede ser muy beneficioso para nuestro organismo. Sin embargo, si nos preguntamos por aquellos momentos en los que nos sentimos plenamente felices, realmente, ¿cuales serían los factores que contribuyeron a esta experiencia de buenaventura?

Generalmente, las vivencias más memorables incluyen un trabajo bien hecho que requiere un cierto nivel de habilidad o la lucha por superar un obstáculo difícil. A menudo, se piensa que para ser felices lo que necesitamos es más tiempo para hacer lo que mejor nos convenga. Pero tenerlo no es suficiente. Uno también necesita algo que hacer para centrar la mente. Las personas nos sentimos felices cuando tenemos una meta clara y nos esforzamos por conseguirla, con atención e intención. La sensación de alegría que nos invade cuando logramos un objetivo no tiene precio. Refuerza nuestra autoestima al tiempo que nos sentimos realizados. ¿Qué mayor satisfacción que el éxito que obtenemos con el sudor de nuestra frente?

Es la búsqueda de esta sensación de júbilo la que nos hace plantearnos retos permanentemente en nuestra existencia. Porque de ellos se desprende la experiencia de estar vivos, de aprender y de crecer. El deporte puede ser el vehículo que nos conduce hacia el bienestar.

El esfuerzo que invertimos en nuestro cometido se traduce proporcionalmente en goce. “Creemos que la verdadera felicidad está al alcance de quien se esfuerza en lograr un objetivo superando el fracaso y la decepción” (Guillem Turró en “El valor de superarse”). El fracaso nos provoca infelicidad y frustración. Pero si sabemos reconducirlo, elaborando un mejor plan e incrementando el esfuerzo y la dirección, seremos recompensados con la gratificación de haber sorteado los obstáculos hacia nuestros objetivos. Si no sabemos esforzarnos nunca podremos recorrer la distancia entre lo que somos y lo que aspiramos a ser. Y como consecuencia, estaremos lejos de la plenitud. Superarnos, evolucionar hacia algo mejor nos proporciona dicha. El deporte, cómo anunciábamos, nos facilita un encuadre dónde poder crecer. Las metas deportivas suponen un estímulo a esforzarnos y, al mismo tiempo, a incrementar nuestras destrezas físicas y psicológicas.

La cotidianeidad con sus horarios estrictos y responsabilidades, a menudo, compromete la superación llevándonos, sin ser conscientes, a una especie de monitorización dónde nuestras acciones resultan rutinarias y poco enriquecedoras. Las personas que experimentan con mayor frecuencia la felicidad son aquellas que se plantean objetivos, que no se resignan y que se movilizan hacia el cambio en su vida. Pero no nos vayamos al extremo, no se trata de convertirse en adictos a las experiencias sin sentido por el mero hecho de realizarlas y experimentar sensaciones. Ha de primar la calidad por encima de la cantidad. Superarse conlleva pararse en momentos específicos y pensar sobre: qué recursos vamos a poner en marcha, los errores cometidos y nuestra experiencia. Si nuestro planteamiento carece de la reflexión necesaria corremos el riesgo de caer en el error eterno del esfuerzo sin dirección. De ahí, la importancia de detenerse a decidir adecuadamente nuestros propósitos en conjunción con nuestra realidad y compromiso invertido. Si esta ecuación cuadra, vamos por buen camino.

Conseguir un reto nos satisface pero lo que da sentido a esta vivencia no es únicamente el resultado, si no la distancia recorrida y los pasos realizados hasta lograrlo. El esfuerzo invertido, los obstáculos superados, el conocimiento obtenido y la percepción de evolución es lo que realmente nos hace sentir bien. No se trata de hacer por hacer si no de salir de nuestra zona de confort para ampliar nuestro bagaje vital.

Muchos pensareis que poseer más dinero podría haceros más felices pero está comprobado que los bienes materiales producen una sensación efímera comparado con lo que produce una experiencia. Esta perdura en el recuerdo y al pensar en ella nos evoca a reproducir la misma sensación de bienestar. En esta misma linia, se alimentan frases del tipo: “no pain, no gain”, “si fuera fácil cualquiera lo haría” o “no hay victoria sin batalla”. Estos lemas nos inducen a motivarnos hacia la lucha por nuestros objetivos y enaltecen la recompensa del esfuerzo y del logro.

Si no nos planteáramos desafíos viviríamos condenados al sedentarismo, al aburrimiento existencial y a ser consumidores de satisfacciones inmediatas, superficiales y efímeras, para compensar el vacio, lejos de la autorrealización.

Corroboramos la famosa frase que la felicidad se compone de pequeños momentos concluyendo que nuestro esfuerzo hacia un propósito libremente e adecuadamente escogido nos proporciona una sensación de felicidad única e incomparable.

Entrena tu mente… & ¡Be Positive!