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Planifica tus objetivos

diciembre  2016 / 13

“La excelencia no es un acto, sino un hábito”

 (Aristóteles)

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En el deporte, como en la vida, es necesario plantearse objetivos y metas, para poder enfocarnos hacia lo que queremos conseguir y sentirnos realizados. Estos nos ayudan a dirigir nuestro esfuerzo, compromiso, a incrementar nuestro rendimiento y a motivarnos en nuestro día a día.

Pero, ¿cómo debemos realizar el establecimiento de objetivos? Para ello, sería deseable plantearse el qué quiero conseguir, cuándo y cómo voy a lograrlo. Detenerse en estos puntos, antes de empezar la temporada, es un tiempo bien invertido, y nos ayudará a desarrollar estrategias.

Cualquiera de nosotros, no se imaginaría nunca la construcción de una casa sin una planificación previa. Asimismo si queremos consistencia y coherencia en nuestro trabajo debemos establecer un plan, construir los cimientos a seguir, como arquitectos de nuestro proyecto.

Los objetivos tienen que ser concretos, realistas y difíciles de conseguir, aunque no deben superar nuestra capacidad para conseguirlos. Es decir, estos objetivos tienen que estar por encima de nuestro nivel actual pero valorar tener los recursos suficientes para lograr llegar a ellos. Los objetivos tienen que estar planteados en positivo. El deportista tiene que comprometerse firmemente a ellos. Si no estamos suficientemente comprometidos con dichos objetivos, no los asumimos y, por tanto, seguramente, no los cumpliremos. Hay que implicarse activamente en aquello que uno quiere conseguir.

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Cuando nos marcamos objetivos es importante fijarse un determinado tiempo (corto, medio y largo plazo), en función de cuando valoramos poder haberlos conseguido partiendo de nuestra situación actual. Esta apreciación tiene que establecerse de una forma realista, dentro de nuestras posibilidades.

Existen los objetivos centrados en el resultado (o de consecuencia) y los centrados en el proceso (o de realización). Los objetivos de resultado son aquellos que se refieren a la finalidad última (por ejemplo, quedar entre los diez primeros, ganar), estos no dependen únicamente de nosotros sino también de la ejecución de otros. Por el contrario, los objetivos de proceso se centran en aspectos concretos que tienen que ver con nuestra ejecución (por ejemplo, mejorar la concentración) y dependen directamente de nosotros.

Es necesario tener objetivos para motivarse, los objetivos de realización nos ayudan a concentrar nuestro esfuerzo, compromiso, nuestra atención, día a día, entreno a entreno, en aquello que queremos conseguir.

Una vez claros los objetivos que nos hemos marcado, de consecuencia y de proceso, debemos establecer como los lograremos, es decir, qué técnica o estrategia vamos a seguir para alcanzarlos.

El uso de registros (por ejemplo, en forma de tabla) nos ayudará a plasmar nuestros objetivos, las técnicas y/o estrategias utilizadas para conseguirlos, el tiempo estimado que creemos adecuado para su consecución y, sobretodo, valorar si al llegar a las fechas marcadas  los hemos logrado o no. Asimismo, en el mismo registro, reflejaremos el motivo del no logro de estos objetivos. Esto nos ayudará a reflexionar sobre el porqué no se han conseguido. Por ejemplo: “no he logrado dicho objetivo porque me he lesionado” o  “no he entrenado adecuadamente”.

Antes de emprender cualquier proyecto es necesario plantearse el qué se quiere conseguir, el cuándo y el cómo se conseguirá. Esto requiere el paso de desear a querer, es decir, pasar de un plano menos realista más relacionado con nuestros sueños a pasar a un plano real centrado en valorar nuestra situación actual, capacidades y el proceso que necesitamos realizar para conseguir nuestros objetivos.

 

Entrena tu mente… & ¡Be Positive!