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Las lesiones deportivas: ¡no sólo es cuestión de mala suerte!

marzo  2017 / 26

Apelar sistemáticamente a la mala suerte para justificar la presencia de lesiones, indica un claro desconocimiento del concepto de vulnerabilidad y de las variables que puedan incrementarla o reducirla. Las personas responsables deben conocer cuáles son, cómo actúan y cómo se controlan estas variables, procediendo en consecuencia para disminuir la probabilidad de las lesiones en lugar de lamentarse de la mala suerte sin hacer nada por evitarla (José María Buceta, en “Psicología y lesiones deportivas: Prevención y recuperación”).

Fotografia: Esteve Ripoll

Fotografia: Esteve Ripoll

Difícilmente encontraremos a un deportista que no haya sufrido alguna lesión en su carrera deportiva. Las lesiones forman parte de la realidad del deportista. Como bien nos dice Buceta, apelar a la mala suerte, cuando se sufre una lesión, no es suficiente. Debemos analizar y responsabilizarnos de su causa. Este será el mejor antídoto para no tropezar, repetidamente, con la misma piedra.

En este artículo abordaremos el tema de las lesiones deportivas. Profundizaremos en cómo afectan determinadas variables psicológicas (en concreto el estrés, la personalidad, los antecedentes de situaciones estresantes y los recursos para hacerle frente) para tener una mayor predisposición a sufrir una lesión.
Una lesión, sin duda, supone una ruptura en la vida del deportista, comportando consecuencias físicas y psicológicas. Por ello, es importante trabajar en vías a una mejor prevención aprovechando los avances e investigaciones realizadas en este campo.

En el estudio hecho en el año 1993 por Heil, Zemper y Carter se obtuvieron los siguientes resultados, donde queda patente la importancia de factores psicológicos en relación a las lesiones deportivas:

– 27,9 % de las lesiones tienen una causa más o menos directa con problemas externos al deportista
– 12,7 % corresponde a unos comportamientos inadecuados (agresivos, poco éticos) de otros deportistas.
– 48,3 % corresponde a factores intrínsecos del deportista. Es decir que, aproximadamente la mitad de las lesiones deportivas analizadas tienen una fuerte relación con componentes asociados al comportamiento el propio deportista.
– 11,1 % otros factores.

Se ha demostrado que la presencia de niveles elevados de estrés puede provocar una mayor vulnerabilidad a lesionarse (agotamiento, déficit atencional, cansancio, exceso de tensión,…).

Antecedentes psicológicos de la lesión deportiva

Las lesiones pueden producirse por diferentes causas, si bien es cierto, que existen también factores psicológicos de riesgo que hacen que algunos deportistas presenten una mayor predisposición que otros a lesionarse.

J. Williams y M. Andersen (1998) plantean en su teoría sobre el estrés y las lesiones deportivas que, ante una situación potencialmente estresante, el deportista, responde con ciertos niveles de estrés al valorarla (demanda de la situación, recursos existentes para hacerle frente y consecuencias de esta), provocando cambios fisiológicos (tensión muscular) y psicológicos (déficits atencionales) que aumentan las posibilidades de que el deportista se lesione.

En situaciones de estrés, el foco atencional se estrecha, no se reciben los mismos estímulos o información que en una situación normal. A consecuencia de ello, la toma de decisiones puede que no sea la más acertada y que, el deportista, se exponga más aún a situaciones de riesgo de lesión.

Williams y Andersen (cómo vemos en el siguiente esquema) no se centraron sólo en el estrés como único factor psicológico de riesgo en las lesiones deportivas, sino que añaden que las características de personalidad, la historia de estresores sufridos (anteriores lesiones, sucesos importantes en su vida, tensiones diarias,..) y los recursos de afrontamiento (habilidades psicológicas, apoyo social, etc.) de que dispone el deportista son también factores a tener en cuenta.

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La respuesta al estrés

El estrés es la variable psicológica más relevante en lo referente a las lesiones. Este puede aparecer antes, durante o después de sufrir una lesión.

Decimos que una persona está sometida a una situación de estrés cuando ha de hacer frente a demandas que sobrepasan sus recursos, de manera que el deportista percibe que no puede darles una respuesta efectiva, lo que acaba provocando un aumento de la activación del organismo.

Pero el estrés no siempre es  negativo. Debemos distinguir entre el estrés positivo (eustrés) y el estrés negativo (distrés). El eustrés es la parte del estrés que nos activa, que nos mueve, la parte positiva. El distrés es la parte negativa, aquella que nos bloquea y paraliza. Aparece cuando existe un incremento en los niveles de ansiedad y cuando se dan situaciones potencialmente estresantes tales como el exceso de confianza o exigencias muy elevadas en el entrenamiento y/o la competición.
Cuando nuestro cuerpo está cargado de tensión podemos utilizarlo de forma constructiva, de forma destructiva o de una forma estéril, es decir, que no sirva para nada.

Personalidad

Existen un conjunto de rasgos de personalidad y variables psicológicas que tienden a exacerbar la respuesta al estrés. Estos rasgos y variables, junto a la capacidad de afrontamiento y a la historia de factores de estrés, pueden ejercer un efecto reductor o potenciador ante situaciones potencialmente amenazantes.

Cabe destacar que, según las investigaciones realizadas hasta ahora, no son suficientemente concluyentes en definir estos rasgos, por no existir tests específicos de personalidad que permitan constatar la predisposición del deportista a lesionarse.

Sin embargo, en los casos de deportistas con: ansiedad rasgo, estado de ánimo bajo o negativo, baja autoestima, sistema rígido de creencias y actitudes, baja autoconfianza, bajo sentido de la coherencia o bajas dosis de “dureza” (mezcla de las capacidades de: control, compromiso y reto) sí podemos observar la existencia de una mayor predisposición a lesionarse.

Historia personal de estresores

Como historia personal de estresores entendemos situaciones estresantes que haya tenido el deportista a lo largo de su vida hasta el actual. Estas abarcarían:

Situaciones vitales generales (conflictos familiares, económicos o dificultades cotidianas)

Situaciones específicas en el ámbito deportivo. Estas últimas refieren:

– Al estilo de vida del deportista (aislamiento de otros ámbitos como serían familia, amigos, etc., a causa       de la práctica deportiva y sus implicaciones).

– A un entrenamiento exigente (sobreentrenamiento que implicaría fatiga, falta de energía,      desmotivación, déficit atencional, etc.).

– A la dureza de la competición (exigencias propias de la competición, exigencias internas, la incertidumbre del resultado o del propio rendimiento, excesivas competiciones seguidas, variables fuera del control del deportista, etc.).

– Al entorno del ejercicio físico para la salud y/o el ocio (dificultad horaria para la práctica deportiva, presión social, el reto de conseguir un objetivo exigente, etc.).

– A lesiones pasadas.

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Recursos adaptativos o de afrontamiento

Entre los recursos adaptativos o de afrontamiento del deportista que intervienen encontramos:

– Apoyo social. Ante la presencia de situaciones estresantes, el apoyo social, puede contribuir a reducir el riesgo de sufrir una lesión.

– Habilidades psicológicas. Estas ayudaran al deportista a sentirse con más recursos frente a la amenaza de una situación potencialmente estresante. Por ejemplo, la motivación puede tener un efecto reductor o estimulador frente al estrés. En el caso de la autoconfianza, esta reduce el potencial estresante de la situación.

– Adaptabilidad a las diferentes situaciones / condiciones que implican la práctica deportiva

Recomendaciones

El objetivo de este artículo es la mejora de la conciencia del deportista y que, este, se responsabilice de aquello que le sucede o puede llegar a sucederle en caso de exponerse innecesariamente a situaciones y/o condiciones que pueden llegar a ocasionarle una o varias lesiones. A propósito de este objetivo, os proponemos unas recomendaciones:

 – Elimina o alivia situaciones estresantes ajenas al entrenamiento y a la competición.

 – Enfréntate de forma progresiva a situaciones de riesgo (novedad, esfuerzo, dificultad) y controla la adversidad (cansancio, dolor, frustración, etc.).

 – Incluye periodos de descanso físico y mental evitando el sobreentrenamiento.

– Establécete objetivos (a corto, medio y largo plazo) desafiantes pero alcanzables. Periódicamente revísalos y valora si los conseguiste o no.

– Ten variabilidad en los entrenamientos evitando la desmotivación y la rutina.

– Prepárate adecuadamente en relación a los objetivos propuestos y a tus condiciones personales.

– Prioriza la calidad por encima de la cantidad (por ejemplo, en el número de días de entrenamiento o competiciones a realizar).

– Da una trascendencia personal y relativa a los entrenamientos y competiciones (todo no tiene la misma importancia, así que aprende a relativizar y disminuirás tensiones innecesarias).

– Prioriza y valora tu esfuerzo por encima de los resultados (estos acabaran llegando si te esfuerzas).

– Identifica situaciones potencialmente estresantes y tu respuesta frente a ellas. Combátelas estableciéndote estrategias o recursos a poner en marcha en caso de darse (reduce la incertidumbre y aumenta la percepción de control).

– Fortalece tu entorno y el apoyo social.

– Refuerza tus habilidades psicológicas y recursos de afrontamiento (en este caso, necesitaras la ayuda de un psicólogo deportivo que te guie en el entrenamiento mental) como pueden ser la fortaleza mental, la autoconfianza, el control de la activación, la visualización, las técnicas de relajación, la modificación de creencias y actitudes, etc.

Podemos concluir que, en general, los deportistas que se manejan mejor en situaciones de estrés, suelen reducir las posibilidades de sufrir una lesión. En este sentido, determinados rasgos de la personalidad, tales como el optimismo, la fortaleza mental o una buena autoestima, entre otros, junto con un buen apoyo social, serán importantes para la salud no sólo física sino también psicológica del deportista. Recuerda: “¡más vale prevenir que curar!”.

Entrena tu mente… & ¡Be Positive!