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La importancia de la fortaleza mental en el deporte

febrero  2020 / 10

Los obstáculos no tienen que frenarte. Si te encuentras con una pared, no das la vuelta y abandonas. Encuentras la manera de subir a ella, pasar a través de ella o rodearla”.
(Michael Jordan)

A menudo en el mundo del deporte, haciendo referencia al rendimiento de algun deportista, se oyen comentarios del tipo “le falta mentalidad”, “le ha fallado la cabeza”, “me han comido los nervios” o “me falta confianza en mí mismo”, entre muchos otros de parecida naturaleza. Estas apreciaciones están relacionadas con componentes de la fortaleza mental.

Esta engloba una serie de habilidades psicológicas y de estrategias de afrontamiento necesarias en la práctica deportiva. Sin ella las dificultades se convierten en grandes muros infranqueables y el sufrimiento del deportista se multiplica exponencialmente.

Descubrir los componentes y cómo mejorar la fortaleza mental se ha erigido como un reto entre los profesionales del deporte y los propios deportistas con la finalidad de optimizar el rendimiento. En el siguiente artículo nos proponemos despejar brevemente estas incógnitas.

 

¿De qué está compuesta la fortaleza mental?

Un deportista ante situaciones potencialmente estresantes necesita un buen control de sus emociones además de poner en marcha una serie de habilidades psicológicas para salirse airoso de ellas.

La fortaleza mental se conforma a partir de una serie de componentes, como son los siguientes que describimos brevemente:

  1. La autoestima. Es la base en la que se asienta nuestra persona. Sin una buena autoestima cualquier error o fracaso atentará contra nuestro ego generando un abanico de sensaciones negativas. Un deportista con una buena autoestima valorará por igual sus fortalezas y sus debilidades aceptando sus errores sin cuestionarse su valúa como deportista.
  2. La autoconfianza. Si un deportista cree que tiene los recursos necesarios para superar un obstáculo sin duda lo intentará tantas veces como sea necesario y, psicológicamente, sufrirá menos. La confianza es determinante en el desempeño deportivo. Sin ella, el deportista, se expone al desánimo, a las dudas y consecuentemente disminuye su persistencia por conseguir sus objetivos.
  3. La tolerancia a la frustración. Saber encajar los errores y no acogerse a la satisfacción inmediata es algo que aprendemos ya desde pequeños. En el deporte, al igual que en la vida en general, tolerar el no obtener lo que se desea al momento contribuye a aceptar adecuadamente la propia responsabilidad de nuestros resultados. De los fracasos se desprende la mejor oportunidad de aprender y crecer. Aprovecharla depende de cómo cada uno entienda la derrota.
  4. La resiliencia. Es la capacidad de adaptación positiva en situaciones adversas. Un deportista resiliente es aquel que mantiene un buen control emocional frente a situaciones de estrés. Sin duda los deportistas con esta habilidad gestionan con mayor éxito los contratiempos y los tropiezos.
  5. La diversión. Difícilmente un deportista persistirá en la práctica deportiva si no se divierte con ella. Si le preguntamos a cualquier de ellos sobre el por qué practica su modalidad muy posiblemente responderá que el motivo es porqué se lo pasa bien. En ocasiones, una mala praxis deportiva puede conducir a enturbiar nuestro disfrute. En ese caso lo más recomendable es identificar que está interfiriendo y reconducir la práctica deportiva.
  6. El manejo de las emociones. El saber identificar, regular y canalizar emociones representa un ahorro de energía, una optimización del rendimiento y una mejor concentración en aquello que nos importa. Mantener una buena inteligencia emocional nos protegerá de dejarnos llevar sin filtros por emociones negativas, tales como la rabia, el enfado o la frustración.
  7. La gestión de los pensamientos. Es sabido que todo lo que pensamos lo vivimos. Nuestra cabeza está permanentemente en funcionamiento. Los pensamientos nos condicionan nuestras emociones y nuestras acciones. Mantener un autodiálogo positivo y saber confrontar los pensamientos negativos facilita una mejor vivencia del deporte y un mejor rendimiento.

¿Cómo podemos entrenar la fortaleza mental?

En el anterior apartado de este artículo analizábamos brevemente la composición de la fortaleza mental. Si queremos reforzarla lo primero que tendremos que hacer es revisar nuestro nivel en cada uno de sus componentes.

A modo de recomendación y siguiendo el orden planteado de los diferentes elementos que conforman la fortaleza mental os planteamos:

 

  1. Dar el mismo valor a tus puntos fuertes que a tus puntos débiles. Exígete en función de estos y márcate una progresión para conseguir tus objetivos, valorando los avances.
  2. Orientarse hacia las soluciones y no hacia los problemas. En situaciones adversas plantea cómo puedes afrontarlas de una forma realista. Refuerza tu confianza recordándote qué te has preparado adecuadamente y aunque pienses que no puedes de antemano, pon todas tus armas valorando todas las opciones posibles. Seguro que anteriormente viviste ya esa sensación y pudiste superarla. Y si no fue así, aprende de los errores cometidos para plantear una mejor estrategia. ¡Recuerda para lograr algo primero tienes que verlo en tu cabeza!
  3. Sacar jugo a los errores y a las derrotas. El fracaso es fracaso cuando no es útil. Si te caes, párate, piensa qué ha fallado, levántate y vuélvelo a intentar con lo aprendido. De nada te servirá atribuir una mala actuación o una caída a la mala suerte. Responsabilízate de tus errores y modifícalos.
  4. Destapar la fuerza interior. Seguro que tienes en tu memoria algún momento de tu vida personal o deportiva en el que tuviste que recurrir a una fuerza especial para seguir adelante. Una fuerza que desconocías pero que te ayudó a superar aquella situación con éxito. En momentos críticos acuérdate de esta fuerza y de cómo te impulsó. Quien tuvo retuvo, así que, sólo necesitas recordarte que eres una persona fuerte y qué, como en otras ocasiones, superarás los obstáculos.
  5. Alimentar el disfrute. El deporte es lúdico per se. Pasarlo bien no está reñido con exigirse y mejorar. Si bien es cierto que un exceso de competitividad puede comportar una disminución del goce. Mantén un equilibrio entre tus exigencias y tu capacidad y tus condiciones.
  6. Identificar emociones. La práctica deportiva saca a la luz una gran variedad de emociones. Algunas positivas y otras negativas. El éxito está en el equilibrio, evitando los excesos. Observa tus emociones y valora si son estas proporcionadas. Sólo pensando en ello ya tendrás una parte ganada. Podrás comprobar cómo te perjudican o te benefician. Regúlalas y canalízalas de la forma en que te sean más beneficiosas. Es un trabajo de autoconocimiento muy útil tanto en el deporte como en la vida en general.
  7. Potenciar el autodiálogo positivo. Si quieres superar un momento difícil hablándote “mal” no te ayudarás demasiado. Hazlo con cariño y con buenas intenciones. Céntrate en aquello que quieres cambiar y no en aquello que quieres evitar.

 

Esperamos que estas recomendaciones os sean de utilidad. Conscientes de la dificultad de plantear un concepto tan amplio como es el de fortaleza mental en un solo artículo, os adelantamos que, en próximas entradas trataremos con más profundidad cada uno de los componentes por separado.

 

Entrena tu mente… & ¡Be Positive!