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La bicicleta tiene nombre de mujer

marzo  2021 / 7

“La bicicleta es el objeto que más ha contribuido a la emancipación de la mujer que otra cosa en el mundo. Le da a la mujer la sensación de libertad y seguridad en sí misma. Cada vez que veo una mujer manejando una bicicleta me alegro, porque es la imagen de la libertad” (Susan B. Anthony)

 

 

La participación de las mujeres en el deporte ha sido, y todavía es, menor que la de los hombres. Es cierto que, en los últimos tiempos, la cifra de participantes femeninas ha aumentado de forma esperanzadora. Sin embargo, su incursión tardía en el deporte fruto de las dificultades y de los estereotipos sociales y culturales, entre otros, hace que el recorrido a realizar sea largo. En esta entrada haré un repaso general sobre las dificultades pasadas y presentes de la mujer en el deporte y, en especial, en el ciclismo. Para ello he extraído ideas y hechos históricos plasmados en el libro “Ética del Deporte” de Guillem Turró y del blog “Cuaderno de Joan Seguidor” de Iban Vega. Las cifras sobre licencias han sido facilitadas por la Federación Catalana de Ciclismo.

Es muy posible que, alguno o algunos, se pregunten el porqué de este artículo e incluso no les interese la temática. Es comprensible aunque un tanto cuestionable. Si queremos que este mundo evolucione hacia la no discriminación y la igualdad de oportunidades, teniendo en cuenta la valía y no el género, la información, relativa a cuál es el punto en el que nos encontramos, es un paso necesario. Si eres mujer lo entenderás fácilmente. Si eres hombre puede que también. Seguro que tendrás una mujer, hermana, hija o amiga a la que le deseas que su esfuerzo y talento sea tratado justamente.

Consideraciones generales

Si nos remontamos a tiempos pasados ya en los Juegos Olímpicos a la mujer se le era denegada su participación. Según Pierre de Coubertin (pedagogo, historiador y fundador de los Juegos Olímpicos modernos), la función de la mujer debía reducirse a aplaudir y coronar a los vencedores. Ideas similares del tipo: la mujer tiene menos capacidad que el hombre, es inferior, no le interesa el deporte o  no todos los deportes son apropiados para ellas, entre otras, ha obstaculizado y, aunque alguien pueda sorprenderse, dificulta aún la presencia femenina en el deporte.

 

Nuestra sociedad no valora por igual a hombres y mujeres en la práctica deportiva. Ejemplo de ello lo encontramos rápidamente en la repercusión que tienen en los medios de comunicación el deporte masculino y el femenino. Mientras la mayor parte de la información deportiva que recibimos es sobre el deporte masculino, el femenino es relegado a pequeñas apariciones, casi estelares, salvo cuando llegan los mundiales o los Juegos Olímpicos.  

En la transmisión de valores también se acentúa dicha discriminación. Si nos remitimos a estereotipos sociales tradicionales los hombres deben ser fuertes, duros, agresivos, mientras que las mujeres delicadas, tiernas y “femeninas”. Esta feminidad, evidentemente, se vincula a creencias arcaicas sobre cómo debe ser y actuar una mujer. ¿Quién no ha pronunciado o escuchado en alguna ocasión algún comentario discriminatorio sobre una mujer deportista?

Existen condicionantes sociales, estereotipos y patrones culturales desde la infancia que pueden dificultar el desarrollo de la mujer en el ámbito deportivo. Actitudes, valores, ideas transmitidas por la sociedad y, en primera línea, por los padres en referencia al deporte que pueden limitar o fortalecer su despliegue. De ahí, la importancia de motivar un proceso de cambio social mediante la concienciación de la educación en valores equitativos ya desde la primera infancia.

La mujer y la bicicleta: una relación ambivalente  

Ocupémonos ahora de los inicios de la relación entre la mujer y la bicicleta. Si nos remitimos a hechos históricos, a finales del siglo XIX la bicicleta había alcanzado una gran popularidad. Esta permitió a la mujer liberarse de la dependencia del hombre para poder viajar. El uso de la bicicleta también supuso una alternativa a la vestimenta de la época.  Como refirió Susan B. Anthony: “la bicicleta ha hecho más por la emancipación de la mujer que cualquier otra cosa en el mundo”.

La bicicleta se convirtió rápidamente en símbolo de libertad que transformó los valores de la época. Las mujeres que elegían la bicicleta para desplazarse se vieron equiparadas a los hombres en autonomía, dejando atrás los vestidos rígidos y pesados como el corsé y dando paso a los pantalones. Este movimiento no dejo indiferente a la sociedad machista establecida, creando discursos “morales” e incluso ridiculizando su uso por parte de las féminas. Con argumentos ridículos del tipo que la bicicleta podía alterar la fertilidad, deteriorar la unidad familiar o incluso crear formas de excitación sexual. A pesar de estos razonamientos el cambio ya estaba en marcha. Un buen ejemplo de esta transformación es el de Annie Londonderry una joven madre de tres hijos que se convirtió en la primera mujer en montar en bicicleta alrededor del mundo en 1894.

Definíamos este apartado con el adjetivo “ambivalente” para reflejar el contraste entre la liberación de la mujer con el uso cotidiano de la bicicleta en el siglo XIX y paradójicamente, la precariedad existente actual en el deporte profesional femenino.

Existen ciertas dificultades que obstaculizan el desarrollo del ciclismo femenino. Entre estas se encuentran, junto al componente psicosocial, la falta de: apoyo económico y de patrocinadores, interés de los medios de comunicación, programas por parte de los comités del deporte, entre otros.

Como afirmábamos los deportes femeninos van por detrás de los masculinos. En el caso del ciclismo la diferencia es abismal. Este se encuentra aún poco profesionalizado. Existen pocas carreras de féminas. Con facilidad nos vienen a la cabeza ciclistas masculinos de diferentes modalidades. A diferencia, pensad en nombres de ciclistas femeninas. Seguro que la cifra es mucho menor.

En relación a figuras significativas del ciclismo femenino a nivel mundial aprovechamos la ocasión para destacar la trayectoria de la francesa Jeannie Longo. Esta posee en su palmarés 58 títulos nacionales en Francia, 7 juegos Olímpicos, 13 títulos mundiales y tres victorias en el Tour de Francia femenino.

Revisemos ahora unas fechas significativas para el ciclismo femenino. En 1893 la UCI permitió la competencia de mujeres pero no eran reconocidas internacionalmente ni había registros de su desempeño. Hasta 1950 no permitió la incorporación de mujeres al campeonato mundial de ciclismo. La primera participación femenina en los Juegos Olímpicos en una prueba de ciclismo fue en 1988 en Seúl mientras que la primera competencia masculina fue en 1896 en Atenas. ¡Casi 100 años antes! Estás fechas cómo podéis constatar son alarmantemente recientes. 

Si nos referimos a la remuneración, podemos ver que los contratos y premios en el ciclismo femenino en relación al masculino son cuantitativamente diferentes. Este hecho frena el desarrollo deportivo en mujeres ciclistas ya que estas tienen que combinar su práctica deportiva con otros trabajos y estudios, teniendo en cuenta que difícilmente podrán vivir del deporte. En países como Italia, Bélgica, Holanda o Francia se realizan más carreras femeninas y las ciclistas tienen sueldo, bajo, facilitando que el nivel deportivo aumente. En España aún estamos en la cola en el ciclismo femenino a diferencia de la repercusión que tiene el ciclismo masculino por contra.

Según datos de la Federación Catalana de Ciclismo (FCC) el año 2019 se emitieron 18582 licencias a hombres y 1297 a mujeres. Si bien es cierto que el ciclismo femenino aumenta, ya veis que las cifras hablan por sí solas. La diferencia aún es abismal y queda mucho recorrido por hacer.

A estas alturas de la modernidad encontramos que el Tour de Francia propuso una encuesta en su cuenta de Twitter para escoger qué azafata está de mejor buen ver. En La Vuelta a España también se generó una encuesta para elegir a las “privilegiadas” que acompañarían a los campeones en el podio. Constatamos tristemente que, aún pasados los años, en la actualidad, continua teniendo vigencia la visión de Pierre de Coubertin dónde la mujer es un buen elemento decorativo.

A pesar del trato discriminatorio las mujeres han logrado demostrar su enorme capacidad competitiva luchando contra viento y marea para ganarse su espacio en el deporte. Es responsabilidad de cada uno de nosotros, no únicamente del sector femenino, que esta evolución continúe avanzando hacia la igualdad de oportunidades.

Entrena tu mente… & Be Positive!