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Intervención psicológica en lesiones: Pon en marcha una recuperación activa

agosto  2017 / 16

“Mi rodilla está destruida. Mi rodilla está destruida. Mi carrera terminó. Todo terminó. Estoy acabado”. Desesperado por la desgracia que acababa de sufrir Millard, hundió la cabeza entre las manos y comenzó a llorar con una fuerza tal que sacudió su cuerpo de 1,95 metros de altura y 120 kg de peso (Keith Millard, jugador de fútbol americano, después de sufrir una grave lesión en la rodilla).

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En un artículo anterior empezamos a abordar el tema de las lesiones y, como estas, en diferentes casos, podían ser favorecidas por algunos aspectos psicológicos. En el siguiente artículo, hablaremos sobre la intervención psicológica y sobre cómo puede, un deportista, realizar una recuperación activa y así facilitar su reincorporación a la actividad deportiva.

Como en el ejemplo de Keith Millard, una lesión supone una gran ruptura en la vida de toda persona que practique deporte con regularidad. Posterior a una lesión, al margen de las repercusiones físicas evidentes, los efectos psicológicos dependerán de la gravedad de esta, pudiendo llegar al abandono de la vida deportiva.

En la mayoría de los casos, las lesiones, conducen a un estado ansioso – depresivo a causa del gran cambio que estas suponen. El deportista se ve relegado de su estilo de vida habitual, se diluyen sus rutinas, experimenta una gran variedad de emociones (frustración, enojo, confusión, tristeza, etc.), pierde una fuente importante de su autoestima al no poder mantener su cotidianeidad, baja su motivación, aparece la incertidumbre sobre su reincorporación a la vida deportiva y, posteriormente, el temor a una nueva lesión.

El objetivo de cualquier tipo de programa de intervención en lesiones es ayudar a que el deportista recupere su estado de forma y consiga regresar a la vida deportiva lo antes posible y en las mejores condiciones posibles. Por ello, es importante, y puede facilitar la reincorporación, el tener en cuenta los factores psicológicos implicados, tanto antes de la lesión como posteriormente a esta, y realizar una intervención interdisciplinar (equipo médico, fisioterapeuta, preparador físico y psicólogo) que abarque todos los factores implicados (físicos y psicológicos).

Intervención post-lesión

                Después de una lesión, diferenciaremos entre dos fases dentro de la intervención centrándonos en los aspectos psicológicos implicados en cada una: la fase de inmovilización y la fase de movilización.

                La fase de inmovilización viene justo después de haber sufrido la lesión. El deportista se encuentra en el momento de mayor “shock”, soporta una gran tensión, aparecen dudas y pensamientos negativos reactivos a la lesión y a su recuperación.

                En esta fase el objetivo es enseñar al deportista a manejar el trastorno emocional que conlleva la lesión. Las técnicas psicológicas que se pueden poner en marcha en esta fase son:

  • Habilidades de comunicación. Una fuente de estrés es la incertidumbre hacia el diagnóstico, lo que este implica y el proceso de recuperación. En este primer punto es importante informarse adecuadamente sobre la lesión (naturaleza y gravedad de la lesión, la duración del proceso de recuperación y las metas a establecerse durante este proceso), no precipitarse realizando conclusiones que no se basan en datos objetivos, y confiar en el equipo médico para saber y aceptar la realidad de la lesión. Esto ayudará, al deportista, a reducir la ansiedad reactiva a la situación a actual.
  • Técnicas de relajación y visualización. Combinar ejercicios de relajación y visualización pueden ser de ayuda en los momentos difíciles (dudas, dolor) para controlar el nivel de activación y tomar conciencia sobre la lesión. El deportista, a partir de la información facilitada por el equipo médico, podrá hacer una representación mental de su lesión facilitando el efecto Carpenter (microactivación de la zona corporal imaginada), obteniendo un ligero aumento de la fisiología en la zona lesionada.
  • Planteamiento de objetivos. En esta primera fase, el deportista, puede seguir entrenando en otros objetivos físicos para no perder su forma atlética general. Es una oportunidad para mantener, fortalecer y mejorar a nivel físico el resto del cuerpo que no está lesionado.

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La  fase de movilización es un periodo más largo que el de inmovilización. En esta, el deportista irá, progresivamente, recuperando su funcionalidad motora. Diferenciaremos tres momentos en esta fase: la recuperación, la readaptación y el reentrenamiento.

  • En la recuperación se necesitará de estrategias psicológicas para gestionar las situaciones estresantes y dolorosas, así como mantener un nivel adecuado de motivación para mantener el programa preestablecido diario. En este momento, el estar informado del punto en que se encuentra el deportista, las técnicas de relajación y visualización, el planteamiento de objetivos y el apoyo social van a jugar un papel importante. Así mismo, es también una buena oportunidad para mejorar aspectos técnicos y tácticos.
  • En la readaptación, se busca lograr la tonificación del estado físico general del deportista persiguiendo su anterior nivel previo a la lesión. Determinar objetivos de nuevo en este momento, realizar prácticas imaginadas de lo que se está trabajando en la recuperación y favorecer un autodiálogo positivo (identificando los pensamientos negativos, confrontándolos y substituyéndolos por otros más racionales y positivos) son estrategias que facilitaran la superación de este momento con éxito.
  • En el reentrenamiento se busca recuperar el nivel deportivo perdido por la lesión. En este momento pueden aparecer dudas, miedo a volver a lesionarse o a no poder ser el mismo que antes de la lesión. Plantearse pequeños objetivos adaptados al punto en el que se encuentra el deportista, visualizar las primeras sesiones de trabajo, ajustarse a los objetivos planteados y acabar de cumplir las recomendaciones del equipo médico serán estrategias claves para la vuelta.

 

Recomendaciones

En la vida de todo deportista, lesionarse forma parte de su realidad. Después de sufrir una lesión permítete estar triste y expresar lo que sientes. Inhibir tus emociones sólo te llevará a descontrolarte en el momento menos pensado. “Hacerse el fuerte” cuando realmente has sufrido una pérdida de algo que amas y disfrutas, no va a ayudarte a recuperarte sino que irá en vías a la negación y evitación de la propia realidad que estas sufriendo.

El primer paso para mejorar tras una lesión es la aceptación de lo que ha pasado. De nada sirve plantearse situaciones hipotéticas centradas en los momentos previos a la lesión (“si me hubiese fijado en el estado del terreno no me hubiera caído”). Responsabilízate de tu lesión, acepta que es real y plantéate la recuperación (pequeños objetivos realistas a conseguir día a día).

Mantener una actitud positiva favorece tu recuperación. Es posible que tu estado anímico no pase por su mejor momento pero puedes transformarlo si te esfuerzas, sólo se trata de ocuparse en tu recuperación, no victimizando si no planteándose pasos a realizar. Recuerda: “el mejor antídoto para la preocupación es la ocupación”. ¡Recuperación activa!

Déjate ayudar por tu entorno, compartir con ellos lo que sientes les ayudará a entenderte y así buscar la mejor forma de apoyarte. Trabajo en equipo. Déjate aconsejar y guiar por los profesionales implicados en tu recuperación. Plantéate trabajar con un psicólogo deportivo, este puede acompañarte en tu proceso postlesión y fortalecer tus recursos de afrontamiento. Para completar el proceso de recuperación, deben considerarse los aspectos físicos y psicológicos de la lesión.

Sé paciente. Muchos deportistas recaen una y otra vez en lesiones similares por no cumplir o avanzarse en la reincorporación a la vida deportiva. Autoregúlate y no te dejes llevar por un exceso de confianza cuando te sientas mejor. Cumple las pautas establecidas y los objetivos marcados, ese momento que tanto deseas acabará llegando si haces un buen trabajo.

 

¡Entrena tu mente… & Be Positive!